MNCI Buenos Aires

Somos compañeros y compañeras que desde hace 10 años venimos en la provincia de Buenos Aires, encaminando desde muy diversas prácticas una experiencia organizativa como parte del MNCI. La peleamos desde nuestros lugares: Echeverría, Varela, Máximo Paz, Hurlingham, Tigre, los barrios del conurbano, los centros comunitarios, las cooperativas de producción, los centros de formación, los isleños del Delta. Todos luchamos a la par por lo que venimos haciendo como organización, para tener una vida digna, para satisfacer las necesidades de todo ser humano, como por ejemplo que los niños puedan acceder a una salita en su lugar, una escuela, un lugar para recrearse y divertirse.

Como semillas, vamos creciendo, vamos echando nuevas semillas. Nos marcó hace tiempo la lucha campesina, del campo y de los montes. La lucha es la misma. Como en el campo, aquí también padecemos problemas por las tierras, por un lugar para vivir, para nuestra familia. Y entre compañeros que venían militando hace tiempo, y compañeros que nos vamos sumando continuamente vamos creciendo, naciendo.

Estamos haciendo mucho, empezando siempre sin tener un lugar de reunión, encontrándonos donde la voluntad nos fue marcando, aprendiendo de otros compañeros, a enseñarnos. Empezamos a darle algo para comer a los chicos, a encontrar un espacio común, empezamos a construir nuestros centros comunitarios, darle la leche a los chicos, la comida, acceder a los planes y programas que el estado nos planteaba pero a los que sin organización no podíamos acceder, y saliendo a marchar cuando no nos cumplen. Así es que gracias a esta lucha podemos hoy terminar el secundario en el FINES, estudiar computación en las salitas de Mi PC en los barrios, aprender a leer y escribir con el YO SI PUEDO, generar trabajo con las distintas cooperativas, seguir formándonos, y demostrándonos a cada uno que organizados podemos llegar a cambiar las cosas.

Decidimos no quedarnos quietos. Nos animamos a volver a la tierra, organizamos una cooperativa para producir pollos, huevos y verduras en un predio de un frigorífico recuperado por sus trabajadores, Frigocarne, con quienes forjamos un vínculo estratégico en la producción. Más trabajo, la elaboración de conservas, los dulces y escabeches, también la cooperativa textil. Los gallineros comunitarios en los barrios. En Varela, llevando adelante el sueño de que las familias expulsadas de este modelo productivo, puedan volver al campo. En el delta, el trabajo artesanal de la pesca, los juncos, la apicultura, resguardando la cultura isleña.

Los jóvenes también se suman a esta lucha, con su propia batalla por decidir qué hacer en la vida, ante la falta de proyectos de vida para los pibes, la organización nos abre a otra posibilidad, diferente a la que comúnmente se vive en los barrios. Por ejemplo la de volver al campo, volver a la tierra, a ser parte de ella, a reencontrarnos con nuestras raíces porque venimos de la tierra. Todos nosotros somos hijos de compañeros que en el proceso de industrialización del país soñaron un nuevo tiempo. Eso no se dio en la ciudad y quizás sea tiempo de volver… en eso estamos, aprendiendo a volver. Viviendo campamentos, y encontrando espacios para desarrollarnos y formarnos. Junto a los compañeros de la Red el encuentro, Gallo Rojo, Che Pibe, etc., demostramos que el discurso dominante de que la juventud de los barrios son todos pibes chorros, es una gran campaña mentirosa e incriminadora, y que debemos como sociedad creer y confiar en los jóvenes, no imputarlos.

 

Participar en las instancias nacionales de formación del movimiento, nos ayuda mucho a asimilar nuestra historia, a ampliar mucho más la información y conocimiento de lo político, aprendemos a juntarnos, a escucharnos.

Estamos haciendo política de otra manera. Conocer nuestra realidad del pasado, que está calando en el presente, con compañeros que continúan luchando. Como Sebastián y Diana, luchaban para cambiar la sociedad, la injusticia, que se les llevó la vida, pero que sus hijos, en el presente siguen haciéndolo, militando. Ellos como sin querer, hoy son como puentes, unen la lucha campesina en el campo y los barrios. Unen las historias, la de los que vivimos en los barrios, muchos venidos del campo, expulsados.

Nos hacemos conscientes, nos tornamos militantes de nuestra dignidad, para mejorar nuestro futuro, nuestro país, nuestra provincia, nuestro barrio, nuestra familia. Vamos conociendo nuestros derechos, como lo han hecho los compañeros que han venido de países como Bolivia y Paraguay a los barrios, aprendimos, que por más que no seamos de este país, tenemos derechos como los que nacieron en Argentina.

Qué buscamos… ser más para cambiar las cosas, muchos más. Porque sabemos que solos no cambiaremos nada. Así vamos articulando políticamente con diversas organizaciones: el Movimiento Evita, Los Pibes y las mencionadas antes, Frigocarne, Red el encuentro, Gallo Rojo, Che Pibe. La unidad nos fortalece mucho para luchar desde nuestros lugares en la construcción de la soberanía alimentaria, y cambiar esta agricultura dominada por el agronegocio, con una reforma agraria integral. Estamos en el camino correcto, falta mucho por hacer, pero falta menos.