Reforma agraria Integral

Reforma Agraria Integral I Congreso Nacional – Argentina – 2010 


Nuestra Memoria Histórica territorial

Nuestros antepasados, indígenas, originarios sembraban su propia alimentación: maíz, zapallos, porotos, criaban vacas, cabras y ovejas, hacían quesos y quesillos, hilos de lana que se teñían con tinturas del monte nativo. Recolectaban frutos del monte como la algarroba, el mistol, la tuna y hierbas y yuyos medicinales. Hacían mote, chilcan, patay, añapa, tulpo, tistincha, arrope y bolanchao para el invierno. Se guardaba en la troja para los animales. Los ranchos se construían con barro y pasto. Formaban parte de la tierra, de la naturaleza, ella los cuidaba, les daba alimento y abrigo. No existía la propiedad privada para trabajar, uno de los valores que prevalecía era el trabajo colectivo y comunitario.

La apropiación de la tierra en nuestro país se funda en procesos ilegítimos y violentos que fueron sucediéndose en distintos momentos de nuestra historia. Los invasores así impusieron sus conveniencias, un modelo capitalista que se valió de la violencia intentando suplantar nuestra historia y nuestra forma de vida.

Sin embargo, las familias campesinas e indígenas no pudieron ser exterminadas, sino que por su resistencia y adaptabilidad histórica continuaron viviendo y produciendo en zonas marginales, bosques, montañas, selvas y desiertos de nuestro territorio y hasta incluso en las barriadas populares de las grandes ciudades.

En los últimos 15 años la concentración de la tierra ha agravado las profundas desigualdades sociales en el campo. Así el 82% de los productores son familias campesinas que ocupan sólo el 13% de la tierra. Mientras que el 4% representado por el agronegocio se ha apropiado de casi un 65% de la tierra utilizada para la producción.

El neoliberalismo de los años 90 expulsó a más de 300 mil familias campesinas, agudizando el éxodo rural a las zonas marginales de nuestras grandes ciudades. Aun así la pobreza persiste en el campo, según las estadísticas alcanza un 50 % de los pobladores.

La situación actual: el agronegocio y sus consecuencias

Actualmente los empresarios nos quieren quitar la tierra, explotándola para la exportación y no para la alimentación del pueblo. El agronegocio se basa en grandes extensiones de tierras sin gente, desiertos verdes donde empresas transnacionales semilleras, farmacéuticas y de agrotóxicos encadenan la dependencia económica de los agricultores, empobreciendo la cultura productiva y convirtiendo al agro en una industria donde no hay comida ni trabajo.

El agronegocio destruye el monte, envenena el ambiente, el agua, atenta contra las semillas criollas, contra la biodiversidad. Concentra la riqueza profundizando las desigualdades económicas, desalojando, usurpando, amenazando, criminalizándonos, expulsándonos de nuestros territorios, desarraigándonos y haciéndonos perder nuestra identidad. “Encierran en pocas hectáreas a muchos y muchas hectáreas son para unos pocos”. La producción está destinada a maximizar las ganancias, buscando la rentabilidad económica. Los políticos y la justicia son cómplices de todo esto.

El agronegocio está representado por:

  • · El monocultivo de soja ha destruido enormes superficies de bosques y liquidado otras actividades agropecuarias de valor local como la lechería, la fruticultura, el trigo y al maíz tan importante para la soberanía alimentaria. En algunas regiones, en lugar de la soja hay otros monocultivos con igual impacto social y ambiental: viñas de gran escala para exportación de vinos, olivos, pinos, eucaliptos y caña de azúcar.
  • · Por el avance de la ganadería de alta intensificación en las zonas áridas y semiáridas del país, devastando enormes regiones boscosas con suelos de alta fragilidad para dar paso a la siembra de pasturas exóticas. Muchas de nuestras comunidades rurales son así expulsadas a los desiertos, zonas salinas y peladares.
  • · En nuestras áreas de riego concentran un enorme potencial de producción diversificada de alimentos, vienen siendo ocupadas por grandes empresas industriales de empaques de frutas, conservas, olivícolas y vitivinícolas, donde se han eliminado enormes reservas de variedades de hortalizas y frutales con gran diversidad, salinizando suelos, negando el acceso al agua de riego, expulsando familias de agricultores y desmontando grandes áreas de monte nativo.
  • · Las reservas de aguas subterráneas son explotadas sin control por grandes estancias y multinacionales para el riego de la agricultura intensiva a gran escala en zonas áridas, lugares donde el recurso es un bien precioso. Por otra parte, los grandes desmontes comprometen gravemente la recarga de los acuíferos y la renovación del recurso. También la explotación minera nos afecta, por la contaminación, además de que consume gran cantidad de agua que también contamina.

Como consecuencia del Agronegocio:

  • · Nuestros militantes y compañeros que deciden enfrentar desalojos y topadoras son apresados, baleados, perseguidos, vigilados, golpeados por policías y matones como en otras épocas. Nada ha cambiado en las estructuras de las fuerzas de seguridad que son guardianes leales de empresarios y políticos corruptos.
  • · Forman complejo financiero y productivo en el que se relacionan terratenientes, transnacionales, bancos y mercados externos para extraer recursos naturales de nuestra tierra y abastecer mercados lejanos garantizando siempre altos valores de rentabilidad. Aunque las ganancias quedan concentradas en unos pocos.
  • · Produce un alto porcentaje de migraciones, provocando una concentración poblacional en las grandes ciudades, principalmente en el Gran Buenos Aires, llevando a que menos del 11% de la población continúe en el campo. La concentración urbana provoca sistemas desequilibrados en los cuales hay una gran demanda energética y contaminación.
  • · La consecuencia más grave es la perdida de la soberanía de nuestro pueblo, teniendo en cuenta que una parte muy importante de nuestro suelo y su sistema productivo está en manos de transnacionales.

Una Reforma Agraria Integral para la defensa de la vida campesina.

Estamos convencidos de que no puede haber desarrollo sustentable y justicia social en nuestro país si no se produce una profunda transformación del modelo agropecuario. Esa transformación implica una Reforma Agraria entendida como territorio abierto, compartido, donde podamos expresar nuestras costumbres, valorar nuestros saberes y donde primen la responsabilidad, el respeto y el trabajo comunitario y donde construyamos relaciones igualitarias entre hombre y mujer. Queremos una Reforma Agraria para que nuestros hijos puedan vivir en el campo y disfrutar como lo hemos hecho nosotros.

Nuestra Reforma Agraria Integral se basa en la participación y organización colectiva y autónoma en la toma de decisiones sobre lo que nos afecta: educación, salud, producción, comercialización, comunicación, cultura, deporte, recreación y arte.

Reforma Agraria integral es recuperar la tierra y los medios para producir, los saberes ancestrales y la tecnología apropiada, la medicina popular, los hospitales, una formación crítica y transformadora de la realidad en las escuelas y otros espacios, para todas las familias campesinas indígenas que vivimos en el campo y para quienes hoy día viven hacinados en las grandes ciudades. El campo y la ciudad deben compartir, discutir e intercambiar porque el cambio debe ser para todos.

Reforma Agraria Integral es la regularización de la tenencia de tierra de las comunidades campesinas indígenas de manera colectiva e inembargable. Es cambiar las leyes de uso del agua para que sean más justas. Un principio de esta Reforma Agraria es jerarquizar la función social de la tierra y el agua y dejar de considerar a los bienes naturales como mercancías. La tierra, el agua y los bienes naturales deben ser considerados de carácter social y natural.

El derecho a la alimentación de los pueblos, es un derecho irrenunciable que se sostiene en la dignidad y la democratización real en el mundo agrario. Es la economía campesina indígena la que puede garantizar modelos de producción agroecológicos, que abastezcan a los mercados locales con productos sanos y diversificados, sin contaminar el medio ambiente y asegurando distribución de la riqueza, empleo digno y permanencia de las familias en el campo.

La producción campesina indígena: apunta a la independencia económica, se basa en los vínculos de las comunidades, sostiene las economías de nuestro interior profundo, tiene a la mujer y al hombre de campo como compañeros, y se funda en el amor a la tierra y a la vida.

Es importante desarrollar la agricultura urbana, las huertas agroecológicas y los mercados solidarios en las barriadas urbanas.

Garantizar la permanencia en el campo de las comunidades campesinas indígenas constituyendo elementos legales y técnicos que garanticen sus territorios comunitarios y suspender todo tipo de desalojos y apremios contra las mismas.

Es fundamental establecer no solo la vuelta al campo sino construir alternativas en la ciudad para de millones de personas que se encuentra en los cinturones de las periferias.

El desarrollo de infraestructura educativa rural, para que los jóvenes tengan acceso a estudios de todos los niveles adecuados a la cultura campesina indígena.

Es necesario que las tecnologías contemplen nuestro modo de vida, conocimientos y nuestra forma de hacer, deben privilegiar el empleo de la familia en el campo, la industrialización a nivel de las comunidades, la autogestión, la biodiversidad, el respeto por los animales y el ambiente.

Deben desarrollarse políticas para la protección de las semillas nativas y locales y potenciar la investigación y reproducción de nuevos cultivares locales. Las semillas son patrimonio de los pueblos y no pueden ser patentadas ni modificadas para evitar su libre reproducción.

La producción campesina indígena debe contar con el desarrollo de mercados locales directos al consumidor y el apoyo estatal para el abastecimiento de todos los programas, y comedores oficiales con producción campesina indígena. En las ciudades también deben desarrollarse mercados solidarios con apoyo del estado en toda la logística para lograr que la producción campesina indígena abastezca a los barrios populares sin intermediarios.

Nuestros productos y alimentos ancestrales deben ser defendidos y promovidos a nivel local y de país, sin barreras mentirosas e hipócritas como los protocolos de calidad y la llamada bioseguridad que apuntan a eliminar las producciones a escala local para dejar el camino libre a los productos de las transnacionales.

La Reforma Agraria está en nuestro sueño, nuestro diario caminar, sabemos que hay mucho por hacer pero sentimos que los discursos no bastan, que hacen falta gestos sin ambages, coraje político.

Un Programa de Reforma Agraria debe contemplar:

  • · Democratización del Agua y la Tierra priorizando su función social.
  • · La vuela al campo desde la ciudad.
  • · Soberanía Alimentaria: promoción de la vida campesina indígena y sus valores.
  • · Desarrollo de un sistema de comercialización que permita que los alimentos sanos, y de calidad lleguen desde los productores a todos los argentinos sin atravesar los intermediarios que elevan los precios.
  • · Un sistema de créditos y subsidios que fortalezca la producción campesina e indígena, que apoye a las familias que viven en el campo y trabajan la tierra con sus manos.
  • · Acceso a una educación basada en los valores de las comunidades, arraigo cultural, diversidad, multidisciplinar, agroecológica.
  • · Subsidios para mejorar la infraestructura rural en cuanto a servicios: caminos, educación, salud y recreación de la juventud.
  • · Ordenamiento territorial participativo y articulado con la sociedad civil.
  • · Activa participación de las organizaciones campesinas e indígenas.

¡Somos tierra para alimentar a los pueblos!